Miércoles 13 de junio de 2018 – Montmartre, París – Después de la mala noche pasada en el incómodo bus de Ouibus, por fin arribamos a la Gare de Bercy, con una hora de atraso, a eso de las ocho de la mañana. El viaje desde Carcassonne en autobús fue obligado por la huelga de ferroviarios (a ésos no les gusta trabajar, deben ser peronistas). Nuestra anfitriona del Friendly Apartment previamente reservado nos recibió a eso de las doce. Tiramos los bultos en el Friendly, que es un comercio con vidriera a la calle, reformado con cierto gusto como departamento para turistas, y comimos unos sandwiches en un bar vecino. Algo recuperados, y aprovechando la cercanía, subimos al Sacre Coeur, edificio con forma de torta de bodas, cuyo principal mérito es ofrecer buenas vistas desde el atrio hacia la ciudad. Como no cobraban para entrar, perdimos algo de tiempo observando la lóbrega nave central y las capillas. A pesar del agotamiento acumulado, bajamos hasta el boulevard Clichy, caminamos entre los comercios musulmanes de textiles, y subiendo por la Rue de Clignancourt volvimos al departamento. Hubo escala en el supermercado de la esquina, con lo que ya con los pies felizmente descalzos pudimos alimentarnos y beber unas cervezas mal elegidas. ¡Qué bueno es el descanso merecido del viajero independiente!
Jueves 14 de junio de 2018 – Montmartre, París – La rue Custine, que tenemos en la esquina, bordea por debajo y curvadamente la parte alta de Montmartre. Como turistas astutos que somos, aprovechamos esta circunstancia para las actividades del día. A poco de caminar, llegamos al cementerio de Montmartre. Visitamos la tumba de Emile Zola, que hace tiempo se mudó al Panteón, que debe ser más confortable. Nos enterneció un ramito de flores (creo que eran camelias) en la tumba de la Duplessis. Para los olvidados, Marie fue una chica que a fuerza de sonrisas y coñito llegó a ser Duquesa de Perregaux, inspirando a Alejandro Dumas hijo la novela de La Dama de las Camelias, y fue musa de Giuseppe Verdi, con la más que famosa ópera La Traviata. Desde este intervalo necrológico llegamos a un restaurante cercano, donde se suponía habría información acerca del sistema de bicicletas públicas de París, que, por lo que vimos ayer, es algo complicado. Había turistas sacando fotos del restaurante, pero no preguntamos, con lo que ampliamos un poquito más nuestra ignorancia. Ni noticias del de las bicicletas. Ahora, según el recorrido planeado, nos tocaba ver el Moulin de la Galette. Lo vimos, nada de interés. Siguiente punto del recorrido autoguiado: El Montmartre turístico. Lindo, hasta compramos una postal. Eso sí, en un bar frente a la plaza tomamos unos refrescos: Vino y cerveza. Bajamos una vez más al Boulevard Clichy, ojeamos el Moulin Rouge, algunos sex-shops, y volvimos casa. Hay que aprovechar el dinero que cuesta visitar París, así que luego del almuerzo allá partimos, en el Metro 4 a visitar Notre Dame. Otro de esos puntos turísticos con más fama que interés. Cobran para entrar, decidimos como de costumbre privar a los dioses de nuestra presencia. Ahorramos unos 10 € cada uno. Así que liberados del quehacer turístico obligatorio, vagamos por la Ile de la Cité, cruzamos el puente de Saint-Louis, y a continuación vagabundeamos por la Ile de Saint Louis, sobre todo por sus márgenes. Encontramos el puente de Sully, y lo aprovechamos en toda su extensión, con lo que un poco más allá llegamos a la Ópera. Me refiero a la actual, ésa que está frente a la Plaza de la Bastilla, moderna.
Viernes 15 de junio de 2018 – París moderno, París misterioso – Por la mañana, nos sorprendió algo muy inesperado: Al bajar al metro, en nuestra cercana estación de Chateau Rouge, alguna escalera embrujada nos condujo hasta África sin escala ni aviso. En la estacíon éramos los únicos blanculitos. Poco a poco razonamos que esto no podía ser, y cuando llegó el tren, y bajaron algunos otros blancos, sospechamos que quizás no estabamos en África misteriosamente abducidos. Como sea, desde algún remoto punto del continente africano, o desde Montmartre, un poco después llegamos a la estación Les Halles, desde donde habíamos programado llegar al Centro Pompidou. Yo tenía grandes expectativas acerca de esta visita, y no me decepcioné, por el contrario. Recorrimos hasta quedar exhaustos cuanta sala encontramos, en las cinco exposiciones que había. Había Chagall, Lissitzky, Malevitch, la avant-garde rusa como plato principal. Lo permanente es lo más parecido a la galería que yo armaría para mí: Kandinsky, Picasso, Dalí, Mondrian, Vasarely, Brancusi. También pop, op, que se yó. Otros que me interesan menos, como Matisse, Cezànne. Una interesantísima muestra acerca de la UAM (La Union des Artistes Modernes) con mobiliario, arquitectura, afiches, todo lo que esa vanguardia inventó. En una sala menor un japonés informatizado e hipnótico. Muchos objetos interesantes en el shop. Cómo me habrá gustado el Pompidou, que ni me acuerdo de los € 14,00 que cuesta entrar, por persona. Lo juro, no me acuerdo. Despues de varias horas, descansamos en la fuente externa, y comimos algo en un bar cercano, donde, como sucede en todo París, es más común decir Salam Maleikum que Bonjour. No se de dónde, conseguimos fuerzas para agregar la marcha a pié hasta el mercado Beauvau. Pretendíamos ver la feria que transcurre en la plaza vecina, Plaza d´Aligre. Sólo a dos desprevenidos completos se les ocurre ir a una feria por la tarde. Encontramos una intrascendente plaza vacía. Ante tanto éxito, nos tomamos el metro más cercano, y disfrutamos de lo que quedó del día con los piés en alto en el departamento. En algún momento del día vimos, además, la Torre de Saint Jacques, y el Municipio.
Sábado 16 de junio de 2018 – París con sumo consumo – Para no aburrir (si alguien consiguió leer hasta aquí): Les Halles, Bazar de Ville, negocios de ropa vintage (bah, ropa vieja) La Defense, con Les 4 Temps y Cnit. Boulevard Clichy, por algunos encargos, y exploración de un gran sexshop, muy fálico. No compramos nada en lugar ninguno. Siguiendo por Clichy, llegamos a la Gare du Nord, con la intención de comprar pasajes a Mont Saint-Michel. La boutique de OUI estaba cerrada. Misterio. Continuamos caminando hasta Gare de l´Est, donde finalmente logramos comprar los billetes. Todo porque el sistema de SNCF no aprecia nuestra tarjeta de crédito, por esos misterios de Saint Bill Gates. En la boutique OUI de Gare de l’Est nuestra tarjeta de crédito fue bien recibida,
Domingo 17 de junio de 2018 – París turístico – No hay forma de esquivar algunos ritos. Caracoleamos por los inacabables escalones del Arco de Triunfo. La vista es muy buena, y las avenidas ponen bien en pespectiva el trazado de la ciudad. Muchos dicen que esta visual es más interesante que desde la torre de don Gustavo Eiffel. Veremos, si es que subimos a la torre tan mentada. Desde allí se impone recorrer los Campos Elíseos, cumplimos con este otro rito acabadamente, hasta llegar al Louvre, al que no entramos. Completó el día una buena recorrida de la rivera del Sena. Tomamos kir en algún bar.
Lunes 18 de junio de 2018 – París, cultura y turismo – La parte cultural fue en L´Atelier des Lumières. Impactante, asombroso. Uno queda sumergido entre cataratas de luces, imágenes, sonidos, obscuridad, truenos. Está en el 38 de la Rue Saint Maur, entrar cuesta € 13,50, vale más que eso. La temática principal versaba sobre la Obra de Gustav Klimt. Una vez que uno está en el recinto, que fue una fundición de metales, las obras del pintor se te pasean por el piso y las paredes, chorrean descubriendo otros detalles de otra obra que a la vez van revelando otra más. Muy difícil de describir. Tomamos algunos videos, pero no creo que lleguen a mostrar lo visto y disfrutado. Repetimos tres veces, (uno simplemente se queda allí dentro), no aburre nunca, y uno se va con ganas de quedarse. La parte turística del día consistió en la contemplación del ícono por antonomasia de París, la Torre Eiffel. Estaba cercada con feas barreras, pero igual impone su silueta billones de veces fotografiada. No, no subimos, pecadores, turistas heterodoxos, pelandrunes de los arrabales del mundo, por poner algunos calificativos discretos. No, nos sacamos una selfie con la torre detrás. Miramos desde aquí y desde allá, cruzamos el puente y continuamos contemplando la torre y la fauna turística desde las escaleras del Trocadero. En el Trocadero había unos cuantos danzarines de Kizumba, o como se escriba, entretenido mirar. Completamos el aspecto cultural con un kir bien servido en Les Halles, concretamente en Au Pere Tranquile.
Martes 19 de junio de 2018 – Mont Saint-Michel – Que, como todo el mundo sabe, queda lejos de París. Hay un artículo aparte, que se llama, apropiadamente, Mont Saint-Michel.
Miércoles 20 de junio de 2018 – París y cultura «chic» – Sería mucha dejadez que un arquitecto (yo mismo) no visite la Fundación Luis Vuitton, hermosa obra de Frank Ghery, colega de muchísimos más méritos que el redactor de lo que aquí se cuenta (yo mismo). La estación Les Sablons del metro 1 está cerca, desde allí una breve caminata te deja en la puerta, internándote un poco en el Bois de Boulogne. Agradable noticia, la entrada hoy es gratis. Fue productivo ponerse a conversar con las señoritas que estaban en la entrada, ante la mirada desaprobadora de la contraparte matrimonial. Ahorro del día, € 14,00 por dos, calculo que 28. La arquitectura en vidrio y madera compensada impacta, la exposición transitoria, de Takashi Murakami, también. Los delirios de este japonés amigo del manga, van a tapizar algunos de los productos del marroquinero bien sucedido. Otras exhibiciones, aunque menos impactantes, muy buenas. La salida se hace por el Jardín de Aclimatación, cruza de botánico con parque de diversiones, que bien vale la visita, sobre todo para el viajero acompañado de niños. Ya que andábamos por la zona, fuimos por segunda vez a La Defénse. Vueltos al centro, nos regalamos un kir cada uno, otra vez en Au Pere Tranquile. Conclusión del dia ente las Galerías Lafayette y Les Halles, donde por excepción compramos algunas cosas.
Jueves 21 de junio de 2018 – París y Versailles – Vagabundeo por el Barrio Latino, con inspección ocular del Panteón desde afuera, la Sorbona por fuera, los jardines de Luxemburgo por dentro, el sector de restaurantes del Barrio Latino por dentro, pero los restaurantes por fuera. Nos subimos en el tren RER, bajamos en Versailles. Vimos los jardines, la fila para entrar al palacio era de unos dos kilómetros, ni nos acercamos. Por otra parte, hemos de confesar que hace rato que hemos perdido el interés por iglesias y museos clásicos, y menos aún se despierta nuestro interés cuando se trata de ver retratos de reyes con la boquita pintada. Disfrutamos de los jardines. Comimos en un bar, volvimos a París cómodamente sentados en el tren RER, y antes de ir a casa tomamos un kir, otra vez en el Au Pere Tranquile.
Viernes 22 de junio de 2018 – Orly, Paris, y Barajas, Madrid – Todo fluye, como dicen que afirmaba Heráclito el oscuro, desde Éfesos, hoy Selcuk, Turquía. A las 12:00 nuestra anfitriona apareció para echarnos, así que con la mayor calma posible tomamos el metro, combinamos con el metro siete, y a continuación embarcamos en el tranvía siete, que por suerte demora bastante en llegar a Orly, y además es el medio más económico para llegar al aeropuerto. Agregamos el Orlyval desde Orly Sud a Orly Ouest, gratuito, desde donde despega nuestro avión con destino a Barajas, Madrid. No nos dejaron despachar las maletas anticipadamente. Así que recién a las cinco hemos podido instalarnos en el VIP Lounge, donde algunas copas de cava Freixinet nos ayudarán a pasar el tiempo hasta las siete, hora en que supuestamente embarcaremos hacia Madrid, y de allí a San Pablo. Debería ser algún champagne francés, pero la globalización es así. Au revoir France!


















